Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.
-A.Pizarnik-

29.6.09

Remembranzas

Por la voz exacta que tu mano tenía para adormecer mis miedos,
por tu sangre, llamándome en las oscuridades más terribles,
por dolerme y recordarme que estoy tan viva.


Contar el acto mágico en estos cuadros, contar el mantel, el cielo, la plenitud tan lejana que hoy no nos devolvería la visita. Si no hubiéramos sido dos, la luz no estaría asomándose por la pequeña rendija que surca la persiana, para atravesar todo el cuarto hasta la pared llena de grietas, y quizás no estaríamos en este momento cada uno refugiado en su trinchera, exageradamente aprensivos de nuestros silencios, tan orgullosos, sin capacidad para levantar la vista y enfrentar todo eso que ya sabíamos de antemano. Haz de luz, juez de nosotros mismos y de nuestro destino, que jugaría con el humo del cigarro –y con todas las ansiedades que se incendiarían poco a poco- que sube y sube, en el intento de escapar astutamente de la tensión monumental que se apila en el centro de la mesa como una torre.
Insisto que si no hubiéramos sido dos desde un principio, tal vez no habría que tomar tantas decisiones, tanto abandono de miedos, tanto abrazo a las costumbres positivas y rutinarias, tanta desilusión permanente. Y nuevamente, tal vez, los itinerarios no estarían temblando como un elefante que hace equilibrio en un piolín. Es todo tan simple: yo seguiría con mis acrobacias para cuidar mi única planta –siempre marchita, con la clorofila del lado de la muerte- y vos tendrías el empeño de recorrer el mundo a zancadas.
Las retrospectivas, su crueldad. Damos vueltas, vueltas, vueltas y el corazón va del paro a la taquicardia, ida y regreso, se da un baño en la incertidumbre, no sabe si seguir bombeando sangre, si suicidarse desde una costilla, esconderse adentro de un pulmón o generar un ataque para sortear el sufrimiento. Y ahora, la línea lumínica está conmigo, separándome de un montoncito de migas que tan prolijamente acomodaste antes de precipitarte –tan desorganizado- por la puerta, hacia quién sabe qué incierto jamás…
Estos son los momentos en los que, desde el hielo en los pies hasta el último cabello, todo aquello que te pertenecía se confunde con una eterna resonancia de dolores que rebotan por todas partes, imposibilitando la identificación del dolor real, de la ausencia. Estos son los instantes en los que uno debe contener a la muerte. Puntos suspensivos de carne y hueso, ventanas donde los ojos reflejan su ceguera, túneles regresivos donde se exuda la soledad, y las salidas se alejan, y las puertas se desmoronan.
Ajustes y culpas. Todos los engranajes sabían que podían detenerte, todos mis músculos, todas mis sinapsis, pero dije adiós, tan severamente, expulsando de mi morada cualquier otro amor, pasado, presente o futuro. Exilio de la viajera, descalza en toda geografía, vestida únicamente con el conocimiento del aura precedente al hastío y con el tormento de todas las razones para volverte a querer.
Copyright©Ana Belén Cardinali-Todos los derechos reservados

3 Lágrimas derramadas.:

the Kid A dijo...

ya elegiste!, lo demas te da igual... que caprichosa!
me dio gracia lo del elefante, quien es, el o vos?? :P... pobre piolin jeje...
son molestos los "Adios", ya estoy cansado de ellos ¬¬
te dejo un beso, o dos :P... que estes bien cara de torta frita....
muackssssssss :)

Ani dijo...

Ay, cuando el corazó mira de reojo a la costilla y lo duda, duda si estamparse o seguir irrigando...

Si el amor duele, el adiós lacera.

Y más con la tortura de sabe que existen razones para seguir amando...como en el final de tu relato.

Me calaste hasta los huesos Annita...sí que me pegaron esas migas ordenadas, esa huida desordenada, ese rayo de luz posado en las grietas.

Mikel... dijo...

Cada final, cada cierre de una etapa nos deja tres cosas importantes: lo vivido y lo aprendido, en ambas se engloban un tanto más entre buenas, malas y regulares. La última, es la que considero la más importante: la aflicción. Y es que en nuestra pequeña mentecilla no puede caber que todo tiene que terminar alguna vez y aunque nos hacemos a la idea, a la mera hora echamos reversa y no lo dejamos ir, por el contrario, nos lo encajamos como si se tratase de una cuerda anudada a un cuchillo y que la única forma de detenerlo es locándolo entre pecho y estómago, pues sí ... ahí se queda por un buen tiempo hasta que hace un agujero por donde escapa, dejando ese enorme vacío ... lo peor es que somos el único animal que se tropieza con la misma piedra más de dos veces y eso nunca va a cambiar. Seguiremos padeciendo y lamentándonos por decir adiós...

No había pasado por aquí, si ya me parecía que tienes un frescor para escribir con lo que he leído está más que comprobado.

Enhorabuena, Anna. ;]

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